jueves, 13 de julio de 2017

Descubrimientos, invenciones y macroinventos en la Prehistoria

Imagen de un crisol en el Códice Florentino
Fuente: Raúl Ybarra
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En 1758, el biólogo Carlos Linneo acuñó el término homo sapiens para aludir a la capacidad distintiva del ser humano, «el hombre que sabe, que conoce». En 1907, el filósofo Henri Bergson hablaba de la capacidad de crear objetos artificiales para controlar su destino y su entorno del homo faber, «el hombre que fabrica», término que venía usándose por diversos pensadores desde la antigua Roma hasta, por ejemplo, Karl Marx o Benjamín Franklin «el hombre es el animal que hace herramientas». Más tarde, en 1938, el historiador Johan Huizinga utilizó el término homo ludens «el hombre que juega» para poner en evidencia la importancia del juego en el desarrollo de los humanos. La tesis de Huizinga es que el acto de jugar es consustancial a la cultura humana y que, sin cierto desarrollo de la actividad lúdica, ninguna cultura es posible.

La importancia del juego, del homo ludens, es que conecta la capacidad de abstracción del homo sapiens, con la de la utilidad buscada y la esencia práctica del homo faber que, mediante una espiral de descubrimientos e invenciones va, paso a paso, gobernando su destino en una secuencia lógica que hoy llamaríamos I+D+i (Investigación, Desarrollo e innovación). Gracias a su capacidad para inventar la ficción, los sapiens crean juegos cada vez más complejos, que cada generación desarrolla y complica cada vez más.

El hombre descubre cuando observa por primera vez algo, o un fenómeno o le encuentra explicación a algo que ya existía (hierro meteórico, el fuego tras el rayo, o el bosón de Higgs, por ejemplo). Para el invento es necesario crear una técnica, un producto, una herramienta que no existía antes (siguiendo con los ejemplos anteriores, la metalurgia, la creación artificial del fuego o el acelerador de partículas).

Descubrimiento e invención suelen estar unidos y, de hecho, ambos son fruto de la acumulación de conocimientos y del perfeccionamiento de técnicas. Por ejemplo, para el descubrimiento de la translación de la Tierra fue necesario inventar el telescopio y la geometría y para el bosón de Higgs hubo que inventar el acelerador de partículas. Para inventar la metalurgia, antes hubo que descubrir los metales, uno a uno, y para replicar el fuego, antes hubo que descubrir las causas de su formación y luego inventar como mejorarlo, aumentando su temperatura, para ir dominando primero al cobre, luego al bronce y finalmente al hierro.

Es común asociar la utilización del fuego y el uso de la rueda para transporte como los inventos más importantes de la historia del género humano, pero no son comparables. Llevamos utilizando el fuego hace al menos millón y medio de años y la rueda es relativamente joven, con sólo 6.000 años de antigüedad. De hecho, se cree que el uso de la rueda para la alfarería es previo al de elemento de transporte.

La rueda apareció en el cuarto milenio adE. Los vehículos con ruedas fueron inventados en Mesopotamia y se difundieron a Europa en un espacio de tiempo corto. Al principio eran utilizados para fines rituales y ceremoniales. Los restos más antiguos de transportes con ruedas se encuentran en tumbas y están estrechamente ligados a su uso en la guerra. La innovadora rueda de radios, que exigía un alto nivel de artesanía, fue utilizada primero en carretas de combate durante el segundo milenio adE para crear vehículos ligeros y rápidos que pudieran maniobrarse fácilmente durante la batalla.

Existe la idea de que la rueda es una necesidad universal (tan crucial como el fuego) pero recordemos lo reciente que es y que incluso no siempre fue visto así. No fue hasta finales del siglo XIX y comienzos del XX cuando se elevó la rueda al lugar primordial que ocupa hoy por la importancia que cobraron los nuevos medios de transporte. También existe la falsa creencia de que en América no se conocía la rueda hasta la llegada de los españoles, sin embargo, existen objetos de miniatura con ruedas y ejes que fueron fabricados allí desde, al menos, el siglo IV dE. Por tanto, mucho antes de la llegada de los europeos, el principio mecánico de la rueda era perfectamente comprendido y aplicado, aunque nunca fue puesto en uso para el transporte, probablemente porque las condiciones orográficas y la ausencia de animales de tiro adecuados no la hacían lo suficientemente útil.

Está claro que no todos los inventos tienen la misma relevancia para la humanidad. Según el historiador Joel Mokyr, el progreso técnico se produce por la aparición de macroinventos y microinventos:

Los macroinventos son innovaciones radicales que afectan profundamente a las formas de producción y cuya elevada rentabilidad estimula fuertes inversiones que difunden su uso. Son innovaciones disruptivas, que cambian radicalmente la forma de hacer las cosas. Desde este punto de vista, tanto la rueda como el fuego podrían considerarse macroinventos.

Los microinventos son las mejoras de detalle que se añaden al macroinvento, mejorando sus prestaciones o adaptándolo a algún nuevo uso. Son innovaciones evolutivas que se producen por la mejora gradual, muchas veces basadas en la mejora de los recursos y los procesos. Así, la evolución hasta llegar, por ejemplo, a la rueda de radios, o al mechero, es una secuencia de muchos microinventos —ya sé que lo del mechero es discutible como macroinvento, pero reconozcamos que es muy útil—.

Durante la época prehistórica tardía se logró una expansión del inventario de materiales a disposición de los artesanos. A los materiales antiguos, como la piedra, madera, hueso y fibras vegetales o animales, se le añadieron el cobre, bronce, oro, plata, estaño, ladrillo y cerámica. Estas adiciones exigieron trabajar y modificar los procesos de trabajo de estas sustancias naturales (minerales y arcilla) antes de que fueran útiles para su uso. Hubo que idear procesos nuevos, como la forja del metal y el moldeamiento y cocción del barro. A su vez, estas innovaciones estimularon la invención de toda una gama de instrumentos necesarios para transformar los materiales.

Las innovaciones en el transporte terrestre comenzaron con la invención de trineos para acarrear cargas pesadas y alcanzaron su cénit con la creación de vehículos con ruedas y por tanto de los caminos que estos precisaban. Mientras, en los ríos y torrentes aparecieron las primeras balsas, luego canoas y finalmente barcas, a las que más tarde se incorporó la vela.

La introducción de la agricultura aumentó y estabilizó el suministro de alimentos, facilitó el desarrollo de asentamientos mayores, fomentó el desarrollo de sistemas de riego, y llevó a la invención del arado y las herramientas asociadas con el cultivo, cosecha y almacenamiento de cultivos. Éstos agricultores primitivos fueron los primeros en habitar en viviendas permanentes, dotadas de utensilios de cocina, telas, cestos, esteras y muebles y en realizar pinturas, perfumes, jabones y tintes.

Al final del catálogo de los logros prehistóricos está la escritura. Este invento, que unía las habilidades manuales con el intelecto de una forma única en la historia de la humanidad, también exigía la creación de instrumentos físicos: tablas de arcilla y plumas. La escritura marca el colofón de un periodo extremadamente productivo y fértil que da el paso decisivo entre la Prehistoria y la Historia.

Fuentes de la bibliografía: [3], [5], [7], [10], [11].

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