sábado, 15 de julio de 2017

La cerámica, paralela al desarrollo de la humanidad

Imagen: Vasija Jomon
Fuente: British Museum
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En algún momento, alguien en un lugar concreto o lo más probable, muchos pueblos y muy dispersos, observaron como un trozo de arcilla mojada que estaba cerca del fuego se convertía en un material nuevo, resistente y duradero. A partir de ahí, el juego, la prueba, el error y el tiempo hicieron el resto.

El nacimiento de la cerámica se asocia tradicionalmente al neolítico, cuando teóricamente se empieza a fabricar debido a la necesidad de almacenar y conservar el excedente. Pero esto no es cierto, se han encontrado piezas de cerámica con 16.500 años de antigüedad, fabricadas en un momento en el que sus creadores todavía andaban dando tumbos de acá para allá, cazando y recolectando, con el consiguiente engorro que les podría suponer trasladar esas piezas frágiles de barro endurecido.

Los vestigios de vasijas más antiguos que se han encontrado son de 10.000 años después, en Japón, ya en los albores del neolítico (se trata de la imagen que ilustra este artículo) si es que pretendiéramos considerar la evolución como una sucesión lineal de fechas cerradas. La particularidad de estas vasijas japonesas es que pertenecen a una sociedad que no era agricultora, vivían de la pesca y de la recolección de frutos y otros recursos silvestres y no utilizaban estas vasijas para la conservación de alimentos sino como utensilios donde cocinar en una sociedad que basculaba entre el sedentarismo y el puro estilo cazador-recolector.

El uso de la cerámica para cocinar, allí donde se empleó, alteró la dieta, haciendo que alimentos poco o nada digeribles pudieran ser ingeridos después de su cocción. El tiempo que duró la selección de estos alimentos, la forma en que se hizo y los efectos de indigestiones cuando se fallaba en el experimento, son inimaginables.

Pero, volviendo a la novedosa necesidad que se creó a partir del neolítico, de la conservación del excedente, nos encontramos con que los primeros almacenes, excavados en el suelo, o posteriormente en cestas de mimbre, estaban a merced de humedades, insectos y roedores. Por su carácter orgánico, no hay evidencias de recipientes de mimbre, pero se cree que el tejido en mimbre es previo a la adopción generalizada de la cerámica. La ventaja de los nuevos recipientes cerámicos era que mantenían frescos los alimentos y al resguardo de todos esos ataques indeseados.

La historia de la cerámica, por tanto, es la historia misma del hombre y se encuentra presente en todas las culturas conocidas.

Más tarde, barnizar el barro no sólo servía para mejorar su aspecto, sino también para impermeabilizarlo. Surgieron así las vasijas esmaltadas de los sumerios y las ánforas decoradas de los egipcios.

En Mesopotamia, sumerios, acadios y caldeos fabricaron ladrillos polícromos para revestir los frentes de sus palacios.

En China, en el 3000 adE ya se utilizaba la cerámica con fines ornamentales, culminando con la porcelana, en el siglo II dE cuando comenzaron a utilizar el caolín.

Las viviendas típicas de las aldeas campesinas de Cercano y Medio Oriente estaban construidas con ladrillos de barro secados al sol. Desde un punto de vista meramente especulativo, la práctica de hacer ladrillos para la construcción pudo llevarles a utilizar la arcilla como material de vasijas y de ahí, pasar a la alfarería.

Tenemos aquí a un primer material con carácter universal, descubierto de forma independiente en cada cultura, que aporta utilidades que van desde el cambio en la forma de alimentarse a la conservación del excedente y que, por tanto, tiene una importancia vital en la historia de la humanidad.

Fuentes de la bibliografía: [5], [7], [8], [10], [21].

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