domingo, 2 de julio de 2017

La Revolución Neolítica

Imagen, Tumba de Nakht. Fuente : Wikipedia
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Este paso, crítico para la humanidad, fue lento desde la perspectiva actual, pero hay que tener en cuenta que la decisión que había que tomar era difícil y había que aceptarla comunidad a comunidad, de ahí que supusiera un viaje de tres mil años desde que empezó a nivel singular hasta que pueda considerarse con cierto auge a nivel global. Por tanto, nos encontramos viajando aproximadamente en el año 8000 adE, a punto de acometer uno de los dos grandes cambios que ha experimentado la raza humana en su existencia: La Revolución Neolítica.

Por algún motivo, los humanos empiezan a domesticar animales y plantas para producir alimentos a través de ellos. Hasta ahora se habían consumido sólo alimentos naturales, tal como se encontraban en la naturaleza, pero a partir de aquí, el cautiverio y la selección genética que impone la domesticación, hace que estas especies, animales y vegetales, empiecen a sufrir lentas modificaciones, impulsadas por los humanos para acelerar el proceso evolutivo de la naturaleza.

La agricultura y la ganadería crecieron de forma independiente y paralelamente en cinco focos importantes que climatológicamente lo permitieron, con cronologías distintas y domesticación de especies diferentes, según la zona.

El foco más importante es el creciente fértil, entre el Mediterráneo oriental y el Golfo Pérsico. Es el más avanzado y se considera la cuna de la civilización, que domestica trigo, cebada, leguminosas, cabras, ovejas y cerdos.

En China se cultiva el mijo y se domestican perro y cerdo, más tarde oveja y vaca.

En Mesoamérica, que abarca desde el sur de México hasta Costa Rica, se cultivan calabaza y frijoles y se domestica al pavo.

La zona de los Andes y la Amazonia, se basa en la llama, los cobayas, la mandioca y la patata.

El Este de Estados Unidos, que es muy pobre en especies vegetales y no domestica animales.

Pero las toscas tecnologías necesarias para la Revolución Neolítica no eran nuevas. Las técnicas agrícolas más rudimentarias ya eran conocidas desde hacía mucho tiempo (desbrozar el terreno, sembrar las semillas, abonar con excrementos, regar) por tanto, su aplicación intensiva y lo que ello supuso, no fue fruto de descubrimientos fortuitos, ni se trató de una revolución tecnológica, sino de una verdadera elección económica de la población al final del Paleolítico.

Adoptar la agricultura y abandonar el antiguo estilo de vida no fue una solución evidente, ello explica que la transformación fuera lenta y al principio sólo se diese en determinadas zonas. Por ejemplo, sería una tontería dejar de ser cazador-recolector allí donde hubiese abundancia de alimentos silvestres. Esto hizo que, incluso hasta nuestros días, convivieran sociedades cazadoras-recolectoras, de pastores nómadas, de agricultores itinerantes y finalmente de civilizaciones agrarias complejas y sedentarias que, poco a poco y por su superioridad numérica y militar, fueron dominando o desplazando a las demás.

La agricultura no era una actividad más fácil que la depredadora, ni exigía menos trabajo ni aportaba mejor dieta o más segura y además, no ofrecía resultados inmediatos. Todo lo contrario. Por tanto, su adopción se debió a la necesidad de obtener más calorías por superficie que pudiese alimentar a poblaciones más densas o más numerosas. Ante el crecimiento demográfico que venía dándose con las nuevas condiciones climáticas, aquellas poblaciones que decidieron seguir creciendo tuvieron que intensificar la productividad de la tierra, adoptando la agricultura.

El homo sapiens sapiens, venía preparándose hacía mucho tiempo para experimentar este cambio; poseía dos rasgos únicos frente a otras especies, el lenguaje y el razonamiento abstracto, necesarios para cooperar en la realización de tareas conjuntas con otros miembros sin relación parental, aplicando la división del trabajo entre extraños y estableciendo normas sociales rudimentarias.

En lo biológico, la posición erguida de los homínidos había reducido el tamaño de la pelvis materna, limitando el tiempo que el feto permanece en el vientre. Los niños humanos nacen prematuros para una especie con un cerebro tan voluminoso y es necesario cuidarlos intensivamente durante muchos meses. Ante esta situación, la pertenencia a grupos sociales amplios favorece que la comunidad afronte mejor los riesgos que la acechan mediante un reforzamiento de las habilidades sociales. Aún así, todavía en el 2000 adE, la mayoría de los asentamientos humanos no llegaban al centenar de individuos.

Además de compartir y minimizar el riesgo, los grupos numerosos ofrecían otros dos beneficios muy novedosos: la especialización productiva y la acumulación del conocimiento.

Mediante la especialización, algunos de los miembros de la comunidad podían dedicarse a tareas no productivas, como la defensa (soldados) o el conocimiento (sacerdotes). Además, aquellas comunidades lo suficientemente fuertes como para derrotar a otras comunidades vecinas podían permitirse crear una última clase que aguantara de una forma económicamente eficiente el crecimiento de las clases no productivas (los esclavos).

Pero el homo sapiens sapiens es la especia más asesina que puebla el planeta, especialmente con los miembros rivales de su especie y por instinto natural desconfía de los extraños. ¿Cómo establecer entonces los lazos de confianza necesarios para el trabajo en comunidad?. Para solucionar esta evidencia se hizo necesario crear normas y estructuras sociales que contrarrestaran estos instintos violentos, surgiendo así modelos sociales basados en la reciprocidad, con reglas estrictas de incentivos y castigos.

Con la Revolución Neolítica, la especie humana pasó de una economía depredadora a otra, productiva y salió del ámbito de la ecología para entrar en el de una economía de base agraria que perduró hasta el siglo XVIII de nuestra era, cuando se produjo la segunda gran revolución de la humanidad, la Revolución Industrial, apoyada en el uso intensivo de los combustibles minerales.

Y como una transformación crea las bases para la siguiente, la siguiente aventura que la especie experimentó fue la revolución urbana.

Fuentes de la bibliografía: [1], [2], [3], [11].

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