jueves, 17 de agosto de 2017

La estructuración económica de las sociedades antiguas, paso a paso: La ley de Engel

Imagen: Carros en el estandarte Real de Ur
(
British Museum). Fuente: Historia Antigua
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La estructura económica —a la que no hay que confundir con la estructura social— define la relación entre los tres sectores de la economía: primario, secundario y terciario.

El sector primario incluye los productos que se extraen directamente de la naturaleza; básicamente: agricultura, pesca y explotación forestal.

El secundario agrupa las actividades que transforman o elaboran los productos extraídos de la naturaleza, como la industria o la construcción.

El terciario es el sector de los servicios, desde los domésticos hasta los financieros, comerciales, profesionales o estatales —seguimos en el Neolítico y principios del mundo antiguo, así que pondremos como ejemplo a los burócratas, militares o esclavos del hogar—.

Como nota económica, se dan algunas contradicciones aparentes en la clasificación sectorial actual. Por ejemplo, la minería se considera perteneciente al sector secundario, a pesar de tratarse de una extracción de recursos naturales. El transporte también se considera en él, a pesar de ser un servicio.

Durante miles de años, las sociedades que vivieron en régimen de subsistencia se basaron casi exclusivamente en el sector primario, la agricultura —esto, hoy día, continúa siendo así para los colectivos de rentas más bajas—. De hecho, éste fue el sector en el que vivió la mayoría del planeta hasta la llegada de la Revolución Industrial.

Conforme crece la productividad de la agricultura en una sociedad, se necesita menos trabajo en la producción de los bienes de subsistencia básicos y pueden acometerse otras actividades productivas más complejas, de transformación de los bienes primarios; por ejemplo, la alfarería para la conservación o la cocción, la minería o la metalurgia para la fabricación de nuevos y mejores útiles o armas, la construcción de viviendas menos básicas o sistemas de riego más eficiente. Es lo que se conoce como el proceso de industrialización, que en buena medida, realimenta positivamente el efecto de mejora de la productividad agrícola. Con este paso, ya se ha creado el sector secundario.

En un último paso, conforme la sociedad evoluciona y las economías se hacen más avanzadas al principio y más artificiales al final, se produce un segundo cambio estructural y aparece el sector terciario que es el que domina en las naciones más privilegiadas —y más artificiales— en nuestros días: políticos, funcionarios, peluqueros, consultores; hasta llegar, por ejemplo, en una escala de degradación paulatina de utilidad, al estándar de calidad ISO o el coaching deontológico, que está tan de moda.

Para que se produzcan estos dos cambios estructurales, del primario al secundario y de éste al terciario, tienen que producirse simultáneamente dos procesos, ambos desde la base del sector primario, uno por el lado de la oferta y otro por el de la demanda.

Por parte de la oferta, es necesario crear la misma o más cantidad de producto con menos mano de obra y por tanto, ser cada vez más eficientes. Con la consecuencia de que lo que se ofrece es cada vez más barato —cuando se trata de bienes básicos, no necesariamente en bienes de lujo—.

Por parte de la demanda, entra en funcionamiento una constante del comportamiento humano llamada Ley de Engel, en honor a la persona que la postuló.

Ernst Engel fue un estadístico alemán del siglo XIX, al que no hay que confundir con Friedrich Engels, el que fue colaborador de Karl Marx.

Lo que Engel observó, basándose en numerosos estudios que hizo sobre presupuestos familiares, fue que a medida que la renta de las familias iba aumentando, también lo hacía la proporción de los gastos en consumo, aunque siguiendo una regla opuesta: en los artículos de primera necesidad, los destinados a alimentos, la proporción era decreciente, mientras que en los artículos de lujo relativo o lujo propiamente dicho, la proporción era creciente. En resumen, que según te enriqueces gastas más, pero no sigues gastando la misma proporción en comida, porque llega un punto en el que paras y empiezas a consumir productos de lujo medio y luego de alto lujo. Esto, a nivel individual puede parecernos evidente, pero pensemos en las consecuencias a nivel social.

Llevando el razonamiento de Engel a la estructuración social que se produce en el Neolítico, al principio se vivía en régimen puro de subsistencia, con pocos o nulos excedentes agrarios y sólo se producía lo necesario para vivir, algún tipo de cereal y legumbre. Dependiendo de la cultura, el pan, alguna forma de bebida alcohólica fermentada para proporcionar calorías adicionales y carne o pescado como fuente de proteínas.

Una vez cubierta la alimentación, la siguiente prioridad era el vestido para abrigarse y la cerámica para almacenar alimentos y cocinar. Surge la industria textil, la alfarería y se utiliza el cuero para el calzado y los arreos de los animales. La vivienda también era una necesidad básica, aunque, dependiendo de la zona, las casas se construían con algún material abundante de la zona.

Un paso más allá están los metales, con los que se empiezan a fabricar útiles de trabajo —arados, azadas, cuchillos— y sobre todo armas, además de bienes suntuarios como joyas o vajillas con metales inútiles pero escasos y duraderos, como el oro y la plata. Surge así tanto la minería como la metalurgia y la orfebrería.

Los tres nuevos sectores más importantes de las sociedades agrarias son, por tanto, el textil, la construcción y los metales, junto con la transformación de alimentos. Esto origina las primeras rutas comerciales, especialmente de corta distancia, basadas en el intercambio de subsistencias, tejidos y objetos metálicos básicos.

Pero, llegando al extremo de la Ley de Engel, el de la riqueza exagerada de una parte de la sociedad, a la que le queda mucha renta disponible, aparecen los gastos en el consumo de bienes suntuarios —por ejemplo, oro y plata— y de servicios personales —criados, peluqueros, secretarios, etc. —. Esto hará aparecer en las sociedades agrarias unos nuevos comerciantes especializados que se dedicarán al intercambio de larga distancia, ya que estos bienes más caros —de más valor en su relación precio/peso— pueden afrontar el sobrecoste del transporte e incluso los riesgos de travesías largas y peligrosas, mediante márgenes comerciales muy superiores al de los bienes básicos.

Fuentes de la bibliografía: [1], [2], [3], [9], [22].

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